- Una es comprar uno que ya esté hecho. Esto significa
adaptarse a las diferentes características propias que puede tener.
Y las variables son bastantes. A saber:
Escala de cuerdas. Distancia entre las mismas. Peso del instrumento. El espesor
y curva posterior del mástil. Características de mayor o menor comodidad
anatómica. Disposición de los micrófonos en un instrumento eléctrico. Cualidades
sonoras. Estética general. Y podríamos seguir aunque quizá nos pongamos ya
demasiado específicos.
Todo esto independientemente de la calidad del
instrumento.
Y bien, dentro de este abanico de variantes es posible que encontremos el
instrumento justo para nosotros.
Pero altamente improbable.
- La otra forma consiste en adaptar la construcción del
instrumento a las características propias de quien lo va a usar.
Esto significa construir un instrumento de diseño personalizado, a medida del
músico. Esta tarea le compete al luthier.
Este modo de trabajo requiere que haya una comunicación entre el luthier y el
músico, tanto al principio como durante la construcción. De esta manera no es el
luthier el único comprometido en la creación, también toma parte en esta el
músico.
El luthier debe poner su conocimiento y experiencia al
servicio del músico, interpretar su necesidad y definir dentro de la gama de
posibilidades la combinación más apropiada.
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